17 de febrero de 2014

Habana si, Habana no. (Josef pescador Capitulo 192)

El complejo arquitectónico llamado "El 1830" a la orilla del río Almendares era como una gran fortaleza llena de misterios y visiones fascinantes. Josef imaginaba cientos de aventuras a cada paso llenas de piratas, fantasmas, jinetes sin cabezas y hadas mágicas. Hadas muy raras porque a ratos eran figuras con hermosos vestidos blancos y a ratos eran sirenas en el mar. Pero las hadas y las sirenas no tienen nada que ver, nunca se han visto juntas. 
Habana del Mar caminaba a su lado sin soltar su mano. Aunque ambos temblaban de emoción trataban de disimularlo al máximo posible. Josef tarareaba cualquier tontería de un dibujo animado ruso llamado los músicos de Bremen y Habana, a pesar de ser tan lanzada no dejaba de llevarse parte de su pelo rubio y desorganizado a la boca todo el tiempo, hasta que el aire del este se lo volvía a arrancar para ponerlo flameando a su favor y sobre la cara de Josef que disfrutaba de su olor a salitre y algas.

 En una parte de ese sitio había un mágico castillo construido con piedras coralinas, lleno de pasadizos secretos e incómodas escaleras de caracol que al parecer fueron hechas para no humanos. Este castillo se llamaba, si es que aún existe, La Isla Japonesa. Medio siglo atrás estaba lleno de animales en cautiverio, serpientes, pájaros, un oso y un mono. El mono era una especie de guardián de esta maravilla de sitio, aunque con la particularidad que odiaba a los niños, porque los niños lo odiaban a el, al menos los niños de esa barriada del Vedado. 
 Mas o menos a esa hora siempre le traían la comida al mono. Era cuestión de esperar un poco bien escondidos y que el maldito mono no avisara a su dueño, por lo que había que entrar casi metido en el agua fuera de su vista completamente. Agazapados entre las piedras se veía venir de lejos al señor que le traía la comida. Era una carretilla con aguacates, mangos, toronjas, coles y plátanos. Todo un manjar para el mono y para Josef y Habana. 

 Habana temblaba como una hoja cayendo y abrazaba a Josef como si fuera el último día de su vida. Josef se dejaba y de paso había desaparecido el hambre y el horizonte. Habana le dio un beso, Josef respondió.

 Podría parecer que la misión de conseguir comida estaba en peligro pero no, la misión había desaparecido. Esos besos primerizos escondidos entre las rocas misteriosas de la Islita Japonesa valían mas que todo lo que hubiera tenido o sucedido hasta el momento. Todo era hermoso en ese momento y toda la tensión y el stress era completamente positivo y agradecido. No se supo cuanto tiempo había pasado hasta que Josef se sintió alzado por el aire. 

 El señor que cuidaba el mono, lo sostenía de aire con furia descontrolada entre gritos ofensivos y arañazos. Josef había sido sorprendido y Habana había logrado escapar tirándose hábilmente al mar por detrás de la isla. No lo vio venir, pero tampoco iba a suplicar nada. Daba igual, todo era bello. Con pensar solamente en Habana ya daba igual lo que le hicieran. Ya lo habían llevado varias veces a la estación de policía de Zapata y C donde su padre tenía que ir a recogerlo, pero por suerte su padre se había dado por vencido y ya ni lo regañaba, eso si, las horas de aventuras perdidas viendo policías entrar y salir del recinto si dolían de manera irrecuperable. 

 Estaban llegando a la puerta del 1830 cuando el señor lo dejó caer abruptamente al suelo y se llevó las manos a la cabeza. Habana justiciera estaba detrás del señor con las manos llenas de piedras. 
 - ¡¡Suéltalo!!... ¡¡Que lo sueltes dije!! 

 Hacía varios minutos que Josef estaba liberado y tirado en el suelo sin saber que hacer. Habana lanzó un par de piedras más y con la misma echaron a correr los dos, pero el señor no los persiguió, se quedó en la retaguardia blasfemando y amenazando con todo el repertorio posible. A toda velocidad que dieron sus piernas saltaron como para volar por encima del puente de la isla japonesa y cayeron al agua de largo como dos piratas en fuga de un barco ardiendo. Nadaron sin mirar atrás los metros que unían el 1830 con las rocas de la base del castillo de la Chorrera y ahí salieron vigilantes de que no los hubieran seguido, pero no había moros en la costa. 

- ¿Y ahora? - Preguntó Josef aun sin recuperarse de la impredecible escaramuza. 
- No va a ser el primer día que pase sin comer nada- Aseguró Habana orgullosa aun de su violenta acción. 
- Espérate... yo tengo una idea - Josef se lanzó al agua de nuevo sin esperar respuestas. 
Bajó los escasos metros de profundidad y ahí divisó en el fondo su opción C, sus reservas para casos especiales. Varios bultos del fondo con telas de colores que eran fácilmente divisables por la experta mirada de Josef. Los abrió uno a uno y fue cogiendo las monedas que iba encontrando en ellos, la nube de peces que se acercaba cada vez que Josef rompía una brujería, parecían muros desplazables de colores hechos por un albañil delirante. 

 Salió antes de la media hora y desesperado contó el dinero, entre medios, quilos y pesetas completaban casi tres pesos. 60 quilos, una barra de mantequilla y 25 quilos una barra de pan, sobraban para pasar el día, Quizás habría hasta para un helado en el Niágara, la cafetería de linea y 18. Contaba las monedas una y otra vez en lo que sorteaba los dienteperros hasta llegar bajo la escalera donde esperaba Habana. 

 Pero Habana no estaba.

Estuvo un buen rato sentado esperando a ver si aparecía. A Habana no se le buscaba, ella aparecía y desaparecía a su antojo cuando quería. De nada valía recorrer todas las calles del Vedado en bicicleta de norte a sur y de este a oeste. Nunca la había encontrado. Ese encuentro fortuito que tenía planificado desde hace meses nunca ocurría. A Habana no se le veía a no ser por su propia voluntad. Esperó recostado con su espalda desnuda en las húmedas y salitrosas piedras de la centenaria fortaleza de la Chorrera hasta que cayó el sol. Se levantó y escuchó por última vez en el día como la marea lamía las piedras incansablemente. Lanzó las monedas al mar de nuevo lo más lejos que pudo, bajó la cabeza y se fue con una tristeza sin igual, derrotado a su casa. 
Tantas cosas bellas y emocionantes del día opacadas por este momento fatal. Llegó a su casa sin hablar con nadie, se tapó con su roída sabana y no comió mas nada. - No va a ser el primer día que pase sin comer nada- le retumbaban las palabras de Habana. Muy tarde logró dormirse y con suerte soñó que arrebataba a Habana de los brazos de un malvado secuestrador a pedradas. Pero se despertó mas triste aun. Josef no era un héroe ni era nada.

12 de febrero de 2014

Reír al Santi, llorar al Santi

Creo que este vídeo era del 2009. Yo no era el gran fan de Santiago, pero Enrique Smith me enseñó a escucharlo y como no, ya sabía que la Habana tenía su ángel, por eso usé raramente su música esta vez. Solo dios sabe cuantas veces cantamos su canciones en medio de las desgracias y las celebraciones. Lo bueno que tenía Santi era que el estaba para todas, las malas y las buenas. Se celebraba con Santi, se lloraba con Santi y cuando a las 4 de la madrugada se agotaban las conversaciones sobre sueños imposibles, en un sitio imposible, se oía gritar ¡Pon al Santi! Se podrían haber ido 10188 personas en el día de hoy, pero se fue el Santi. Por cabezón, por friki, por tener un infarto por varios días y no ir al médico hasta que dijo con un dolor inaguantable - ¡Coño, este si es de verdad! Esas fueron sus últimas palabras junto a su familiares. Se podrían haber ido 10188 personas en el día de hoy, pero se fue Santiago. ¡Claro! ¡el siempre hacía lo que le daba la gana y a la hora que le daba la gana! Nada de lágrimas compadre, te honraremos cantando tus canciones y pal carajo. Que donde quiera que vayas sigas haciendo lo que mas te guste y sobre todo que sigas siendo tu. 

   

5 de enero de 2014

Josef y Habana (Josef pescador Capitulo 191)

Josef creyó en las sirenas hasta que conoció a Habana del Mar. Sus miles de horas escudriñando cada rincón, azul a veces, negro otras, del extenso malecón que conformaba su mundo, se habían ido por tierra la segunda vez que la vio.
Ella siempre se presentaba tímida como si de una pluma cayendo se tratara, pero por suerte o por desgracia siempre terminaba siendo un huracán que dejaba muchas cosas rotas a su paso. Habana del Mar no era domesticable, ni necia, ni nada simple y lo peor que siempre se saldría con la suya hasta el fin de sus días.

Josef la veía venir de lejos y a pesar de que su corazón palpitaba como un motor de un solo cilindro, hacía todo el esfuerzo por parecer normal, nada que ella notara, e incluso a veces fingía no verla hasta que Habana del Mar con sus manos pequeñas y callosas intentaba sorprenderle tapándole los ojos con el típico ¿sabes quien soy?

Era un juego simple, pero Josef no se podía explicar que extraña energía le hacía no sentir frío debajo de las torrenciales lluvias de esos inviernos raros del enero habanero. Si Habana estaba, todo estaba bien, si no, la espera era infinita, tediosa y no había forma de encontrarse fuera de un terrible estado de ansiedad lleno de preguntas. Ese día apareció temprano, como a las 8 de la mañana. Era uno de esos domingos tensos que uno desea que se acabe solo para comprobar que el lunes es un día peor aún.

-¿Qué haces hoy Josef?
-¿No me ves? Aquí pescando.
- Siempre pescas, pero nunca veo ningún pescado.
- ¡Será porque los espantas!
- Yo se donde hay comida
- Yo no pesco porque tenga hambre
- Bueno… ¿pero desayunaste?

Agua con azúcar prieta. Un vaso y un pan de ayer, los días de buena suerte que sus hermanos le dejaran a fuerza de que su madre impusiera una mínima regla de igualdad casi nunca respetada.

- No, o no me acuerdo, creo que agua con azúcar por la madrugada.
- ¿Por qué madrugas?
- ¿Por qué haces tantas preguntas?
- Me gusta saber, el que sabe más, siempre gana.
- ¿Gana que? Aquí no hay nada que ganar
- Bueno, ¿vienes o no?

Josef recogió su vara de bambú en silencio, no sabía porque rayos siempre hacía caso. Habana del Mar nunca traía buenas ideas pero, no sabía porque obedecía como un soldado.
Caminaron un rato sobre el muro del malecón en dirección oeste. Habana le tomó una mano a Josef y este entendió porque obedecía ciegamente. Momentos como este hacían que valiera la pena todo. Mañana de domingo, Habana del mar de una mano y su caña de bambú con uno de sus mejores anzuelos del otro lado. Ser rico y feliz no tenía precio, por ese muro estaba lo que mas quería en el mundo, así que valía la pena morir por ello.

- Atiéndeme, ahí dentro – Dijo Habana señalando al 1830, una lujosa mansión de los 50s que entre otras cosas tenía un restaurante de lujo en una de sus edificaciones – Hay un mono en una jaula de piedras, siempre le llevan una carretilla de platanitos y melones para que se los coma, el viejo que se la lleva no tiene fuerzas así que da varios viajes, en una de esas cogemos varios melones y plátanos, los tiramos al mar y después lo recogemos ¿entendiste?
- Eso es robar ¿no?- Josef hizo una pequeña resistencia sin soltar la mano de Habana.
-¡No! Es comida que debiéramos tener, que se la echan a un mono! ¿Crees que es justo? Además le sobra, ¡no se la vamos a llevar toda!
-¡Debiéramos tantas cosas!
-¿Que mas “debiéramos” Josef?
- No sé… Debiéramos ser novios.

Angel Falls by Gabriel Yared on Grooveshark


Josef se tapó la boca como si se le hubiera escapado una barbaridad. Habana se detuvo y se le quedó mirando, Josef apretó la mano de Habana para que no se echara a correr como había hecho otras veces por cosas menores. Hubo un silencio de siglos por el medio entre la última frase de Josef y la primera reacción de Habana.

Habana intentó zafarse la mano, Josef la apretó aun más pensando que con la libertad que Habana iba y venía, cabría la posibilidad de que no la viera más. No deseaba, además de escudriñar el mar en busca de sirenas, ahora también escudriñar la tierra en busca de Habana y que ni una ni otra apareciera nunca más.

-Perdóname- Dijo arrepentido de arriesgar la única persona que le interesaba en su mundo en estos últimos meses.
- ¡Hace tiempo te dije que viviéramos juntos! ¡Y me mandaste para mi casa!.. ¡Y yo no tengo casa! – Habana fue subiendo la voz y el tono cada vez más, los transeúntes no se inmutaban al imaginar un simple juego de niños - ¡¡Sabes cual es mi casa!! – Gritó entre llantos - ¡¡Espero que se vayan los del agro de 17 y K y duermo debajo de los techos de lonas!! ¡¡Sabes cuantos ratones hay ahí de noche??
- Perdóname – insistió Josef cada vez mas bajo. Habana no dejaba de llorar, Josef supuso que ya no podía empeorarlo más así que si no la iba a ver nunca más, bien valdría un último intento aunque fuera un suicidio. La abrazó y le dio un beso que Habana no esquivó. Habana sabía a sal, a tierra, a hambre y a todas esas cosas que pueden hacer que alguien quiera dar la vida por ellas. Josef se dio cuenta que no hacía falta nada mas para ser feliz y que estaba a punto de perderlo. Habana se quedó un poco perpleja, pero reaccionó al instante y con su extraña fuerza pegó un puñetazo en la cara de Josef que este se cayó del muro a la acera. No hizo esfuerzo por levantarse, no valía la pena.
Habana saltó sobre él, entre llantos abrazó a Josef tan fuerte que este no podía respirar. Dijo una frase que volcó el corazón de Josef varias veces.
- A partir de ahora, eres todo lo que tengo.
Comenzó a llover. El mar se calmó como un cristal verde botella, oscuro y tenebroso. La calle se quedó prácticamente vacía. La lluvia fría arreciaba como balas sobre Josef y Habana, pero estos siguieron un buen rato tirados en el suelo, abrazados. Quizás horas. Se tenían. Ahora el mundo podría caerse. Ser dos daba fuerzas, esperanzas, vida. Todo lo necesario. Josef y Habana.
-Vamos a robarle la comida al mono del 1830.
-¡Vamos!

11 de diciembre de 2013

11 de diciembre

Dentro de un par de horas se extinguirá este 11 de diciembre otra vez por suerte. No me gustan los cumpleaños. A veces lograba escapar de madrugada a pescar a algún sitio aunque no hubiera peces. Nada mejor para mi cumple que olas de mar y un sitio donde el tiempo se vaya con humedad salada. Esta vez, estoy tan afiebrado que no pude moverme. Como siempre los amigos lo intentan, gracias a todos. Pero sigo odiando los cumpleaños. Cumplimos el mismo día mi hermano y yo, por lo que los cumpleaños siempre fueron días de sufrimiento para mis pobres padres que siempre intentaron no dejarlo pasar por alto. Los días antes ya sentía la frustración y los nervios de ellos  intentándolo. Deseé no tener cumpleaños nunca más. Para mi, es otra fiesta del hombre blanco, poner gente a correr, a gastar. Las fiestas se hacen cualquier día y yo he nacido muchas veces. Odio este 11 de diciembre, pero gracias a todos por el esfuerzo y por aguantar mi mala cara de este día.

9 de diciembre de 2013

Boris Larramendi en Cuba por los derechos humanos

El cantante Boris Larramendi se encuentra en La Habana #Cuba y dará el miércoles 11 un concierto en la sede de @estadodesats
En estos momentos las autoridades están tratando de detener a Rodiles, activistas y participantes. La noticia está en desarrollo en:
http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1386616632_6270.html

Avance del concierto de Boris Larramendi este 11 de diciembre en Estado de SATS DDHHCUBA2013



Lea más en: desde #Cuba a @EstadodeSats,@ailermaria@liavillares@AGRodiles,@walfridolopez y @PorotraCuba para seguir el evento de #DDHHCuba2013 


27 de septiembre de 2013

Memorias (2da Parte)

Para entender esta entrada, habría que leer el principio de esta historia que está en este linkhttp://www.ggautier.com/2006/11/el-dia-que-me-mori-primera-parte_2.html Si has sido capaz de leerla, entonces entenderás.


"Unos estruendos lejanos comenzaron a oírse. No quería abrir los ojos. No sabía lo que me iba a encontrar ¿y si eran muertos como los de las películas? ¿Y si eran como los del vídeo de Michael Jackson en triller? Pa su madre, no iba a abrir los ojos, pero los estruendos se iban acercando y me daban cada vez más miedo. Los estruendos eran infernales, ¿que habré hecho yo mal? ¿esto es el cielo? Vaya mierda de cielo. Los estruendos se convirtieron en explosiones, las explosiones en golpes y los golpes en unos galletazos que me estaban dando para despertarme.El cromangñon me había encontrado y me había sacado a superficie. Me reanimó a base de galletazos en la cara. Me ardía y mi primera reacción fue abrir un ojo. Todos respiraron aliviados. Me esperaba una bronca del papa por tamaña irresponsabilidad, pero este no me dijo nada, estaba acostumbrado a este tipo de percances y a veces con desenlaces peores, al contrario. Me dio la bienvenida a los vivos y me dio 500 pesos. De ellos pagué cincuenta por coger un carro de alquiler desde cabañas hasta la puerta de mi casa. La escopeta nunca la recogí. La di por vendida. Por supuesto que no conté nada de esto y al cabo de muchos años cuando volví a Cabañas, ya estos barcos habían desaparecido, hechos chatarra"

 El carro de alquiler desde luego que no me dejó en mi casa nada. Ningún carro ANCHAR te dejaba en tu casa, tenían rutas predeterminadas y este llegaba hasta el Lido después de hacer paradas por La Herradura, El Mariel, Santa Fé, Jaimanitas y subirse por una bella avenida hasta la terminal del Lido. La escopeta y los equipos de buceo los dejé abandonados porque no sabía que tenía escopetas ni equipos de buceo, el hecho es, que no sabía que tenia nada más que lo que llevaba puesto y unas chancletas que por mas que leía la marca zico no me recordaba que fueran mías. Ese era el problema, no me recordaba nada, ¿porque estaba ahí? de donde venía, ni hacia donde tenía que ir. La memoria se me había borrado de una manera rara e incomoda porque  recordaba unas cosas si y otras no. Sabía como me llamaba, sabía que estaba lejos de mi casa y sabía que algo había salido mal en una inmersión pesquera de las mías. Inmediatamente me puse alerta al no saber donde era que vivía y me preguntaba si iba en el camino correcto. El carro iba atestado de personas apretadas y yo con un gran resacón cerebral. Mirando todo por la ventana, tratando de recordar algo, viendo las señales. En cada parada, en cada entronque, al entrar en la ciudad miraba a cada una de las personas que estaban esperando algo. Soñaba con encontrar a mi mamá esperándome. Como cuando las guaguas de las escuelas al campo venían y yo buscaba entre los padres. Buscaba y buscaba pero nadie me era conocido. A pesar de todo el daño cerebral que hubiera podido tener por la falta de oxigeno, el sentido del humor no había muerto. Sonreí al imaginarme a mi mismo preguntando en las paradas si alguna de esas personas era mi madre. Estuve a punto de pagar y bajarme donde mas personas vi pero seguía. Era tan agradable ese viaje. 
La maquinaria de preocupaciones también había muerto junto a la de orientación y memoria. No se si iba al sur, al este, no lo se, no lo se aun. La gente hablaba dentro del carro como unas cotorras y solo oía murmullos, me entró un sueño increíble pero tenia miedo reconocer algo y no darme cuenta, así que hice todo lo posible por no dormirme y me aferre a la ventanilla del carro como un desesperado naufrago habiendo perdido el pobre barco de sus recuerdos. Caí en cuenta. Lo último que había visto, había sido yo metido en una habitación del camarote de un barco hundido y sin salida. Una linterna cayendo suavemente y levantando el polvo sedimentario del piso al rebotar en cámara lenta y mis pensamientos sobre Nelda, ¡coño! ¡Nelda Perdomo! ya tenía algo, pero seguía sin saber donde estaba, eso si, vinieron sus ojos verdes otra vez y su piel tan oscura. 


Carreteras y mas carreteras. Gente vendiendo cosas, Josef tenía el dinero apretado en la mano, nada más. Ni cartera, ni carnet, aunque si los hubiera tenido tampoco hubiera atinado a mirarlos. El mundo nuevo era muy curioso, la gente era curiosa, el comportamiento, las miradas. Josef estaba descubriendo un mundo nuevo. Todo lo que se borra y vuelve, es nuevo. 
El carro llegó a la terminal del LIDO, a duras penas lo hicieron bajarse de el. El chofer tuvo que convencerlo de que ahora haría el mismo trayecto en dirección contraria.
Josef pasó varios días en el LIDO. No reconocía nada pero tampoco sentía la necesidad de llegar a ningún sitio. Al tercer día le embargó una tristeza tremenda. ¿Y si no tenía nada? ¿Y si no tenía familia? ¿Y si ese duro banco donde dormía por las noches entre otras personas que no tenían nada era todo en su vida? Pero recordaba a Nelda, nadie que tuviera en un banco como ese por hogar iba a tener algo tan bello como Nelda en sus desastrosos recuerdos. A menudo metía la cabeza debajo de una pila a ver si corriéndole el agua fresca le venían mas ideas. Estaba estancado. El mundo había sido lindo, entretenido y curioso los dos primeros días pero ya cansaba lo mismo. los chóferes preguntándole para donde iba a adonde quería ir. El agua de la pila, los panes con guayaba y queso, el mal olor a excrementos de todos los animales que trasegaban en esta terminal, puercos, pollos, carneros, algunos lastimosamente vivos que daban una tristeza terrible al imaginar su corto futuro. Vio policías pidiendo carnet, cosa que el no tenía, como no tenia nada que cuidar que no fuera su dinero metido en un pequeño bolsillo del short anaranjado que llevaba, arrancó con paso apurado calle abajo, siempre tratando de no alejarse de las avenidas. Algunos instintos le quedaban por suerte como el de siempre huirle a la policía. Pasó un carro con un chófer gritando ¡¡VEDADO VEDADOOO!! La palabra encendió resortes en la desmadejada cabeza de Josef, ¡Ese Vedado! ahí hay algo, se que ahí hay algo y se montó en el carro que también quería salir rápido de los predios del Lido ante el acoso de la policía a chóferes y transeúntes. 

Recuerdo una calle con muchos árboles, árboles que apenas dejan pasar la luz del sol, árboles que se cierran sobre la calle y en sus raíces colgantes se cuelgan los muchachos a balancearse y jugar a los piratas. recuerdo.. recuerdos. 

-¿Donde es el Vedado? Preguntó al incrédulo chófer que lo miró de mala forma con el rabillo del ojo. 
- ¿Tienes pa pagarme?- Josef sacó 10 pesos de su estrujado bulto de billetes y se los dio al chófer. -No suelo cobrarle a la gente antes, pero tu estas un poco raro ¡¡Con perdón!! no te me ponga bravo.

-Es que vienes mirando por la ventana como si fuera la primera vez que vienes a La Habana, sabes, en La Habana nadie mira para arriba, esta ciudad tiene encantos arriba, abajo, pa tos laos. Pero la gente solo mira pa la calle a ver que se encuentra, nadie mira los techos, los dinteles, los capiteles..... ¿Sabes que significan esas palabras verdad? 
-¿Falta mucho para el Vedado?.... 
-No, ahí mismo, en cuanto crucemos el túnel. 

La sensación de caída cuando el carro brincó el comienzo del túnel asustó un poco a Josef, la oscuridad no le daba gracia, recordaba un entorno oscuro en el que dijo adiós a todo. Se había resignado y hasta lo había aceptado de buen grado. Era un buen momento para irse, la vida no era gran cosa y no tenía aspiraciones. Le daba igual tanto como ahora. Solo que esa linterna cayendo con sus pilas fallando, eran como la luz que literalmente se iba, se iba tanto como su vida. recordó al cromagñon dándole golpes por la cara para despertarlo, hizo una mueca de asco. Tan rápido como el carro bajó comenzó a subir, el sol hirió las pupilas de Josef, el chófer comenzó con su desagradable voz de nuevo. 
-Ya este es el Vedado, ¿donde te dejo? 
- Aquí mismo en cuanto puedas - ¿Para que seguir alejándome...o acercándome? Si no se ni donde estoy, pensó Josef de manera lógica. El Vedado le seguía sonando muy fuerte, quizás al ver algo recordaría su sitio, siguió mirando a ver si veía a su mamá. - Aquí mismo- Se bajó en un sitio con un gran muro azul y muchas paradas de guaguas, pero el sol pegaba de lleno y no había techos ni bancos, ni pila de agua, ni donde refugiarse. Se asustó de haber dado un paso, quizás había sido un paso en falso, quizás no debió moverse de donde al menos tenía el mínimo refugio, pero la policía. .. No sabía porqué pero debía huirle siempre a la policía, recordaba que eso había sido su misión por mucho tiempo aunque no le venía a la cabeza haber hecho algo como para eso. Pero había que huirle. Nada le era familiar en Línea y 18 donde estaba parado ahora, a la salida del túnel, había un ruido horrible de una fábrica -Este no es mi sitio- pensó -Tanto churre, olor a pintura, polvo, ruido, guaguas, gente- Cruzó la calle, sin embargo, el Vedado seguía sonándole como si estuviera dentro de una campaña, al frente había una cafetería y mas calma. Se tomó un helado y vio unos muchachos con patas de rana en una jaba, se dirigió hacia ellos con el helado en la mano aun. 
- ¿Donde está el mar aquí? 
-Allí- Señaló uno de los muchachos con mucho desgano y mirando a Josef de arriba a abajo de manera inquisitoria. Josef tiró el helado y corrió porque le daba el olor a mar, en cuanto avanzó unos escasos metros en su carrera divisó lo que sería un muro, era una calle demasiado ancha y peligrosa la que había que atravesar, los carros no dejaban de pasar a toda velocidad y Josef estaba desesperado por ver el mar ahí, en esa parte, tenía buenas sensaciones. 
Como pudo entre insultos y frenazos cruzó, de un salto superó el muro y bajó a un escalón que tiene el muro pegado al mar, la marea estaba alta y había un poco de oleaje por lo que se le mojaron los pies. Miró el fondo, reconocía esas piedras, esas formas, cada pez. Esa vida de vida pujando por salir adelante, comiéndose entre si, empujándose, desplazándose, cuanta vida y colores. 
-Quizás es mejor no tener una familia - Pensó- Quizás su vida sería ahí, en esas costas tan conocidas y trilladas por sus escasos recuerdos, recordaba sí, haber dormido en ese mar un montón de veces, el dolor del frío de la madrugada en ese muro sobre sus costillas adormecidas. Había dormido en ese muro con olor a ron seco y carnada y recordaba una hilera de luces muy organizadas. Trepó al muro de nuevo, se fijó que en efecto, la acera estaba llena de luces ahora apagadas por ser de día. Si, este es el sitio, -¡este es el Vedado! -gritó en sus pensamientos tan escasos como la poca edad de su memoria. A su izquierda quedaba una fortaleza de piedra llamada la chorrera, no era la gran cosa, pero si hubiera estado en algo importante en su mente quizás no pasara tan desapercibida. Mas al sur había un río que desembocaba. Un río apestoso y de aguas verdes y sucias, sin embargo ese olor comenzó a ser agradecido, ese olor era de casa y esa casa tan linda que decía 1830, Esa era su casa, ¡que casa más linda! ¡ya todo estaba salvado! había llegado a casa, corrió todo lo que pudo, llegó a la puerta y se revisó, no tenía llaves ni nada pero esa era su casa ¡claro! ¡El 1830! recordaba cada habitación, el olor de la cocina, pero la gente de sus recuerdos seguía sin tener rostros, excepto su madre, pero por desgracia no asociaba a ver a su madre y a él juntos dentro del 1830. Tocó la puerta de cristal repetidas veces, abrió un señor vestido de etiqueta ¿Quien coño se viste de etiqueta con el calor que hace en Cuba! intentó entrar a toda velocidad y el señor de etiqueta se lo impidió. 
-¿Que quieres? ¡No puedes entrar así!
- ¡Esta es mi casa! 
-¡Que casa ni que carajo muchacho, sale pa fuera! - 
El señor del frac agarró a Josef tan fuerte por la muñeca que apenas podía moverse, sin mucho esfuerzo lo sacó los escasos pasos que había dado dentro del recinto, de todas maneras Josef vio lámparas de cristal, muchas mesas con manteles y algunos comensales, aquello era un restauran, no era la casa de nadie pero ¿Como equivocarse con algo así? 
- ¿Aquí no había un mono? 
- Si, allá atrás, en la isla japonesa pero no puedes pasar. - dijo el del frac suavizando la presa que tenía en su mano que ya le tenía dormido el brazo a Josef
- Si te veo otra vez te llamo la policía. Eso bastó, policía y alejarse del lugar era un acto reflejo. No sabía porque debía huirle pero siempre le huye, algo le dice que debe alejarse. 
 Río adentro las cosas le parecían mas familiares, había una casita azul a la orilla del río sobre pilotes ¡Esa si podría ser su casa! ah en la orilla de un río, si, su vida era un bello sueño donde cada hallazgo era mejor que el anterior. -Esa si es mi casa- pensó, pero al acercarse vio un busto de alguien, una bandera y una guardia. -No, esto es algo militar- siguió mirando y las cosas le parecían cada vez más terriblemente conocidas, aunque seguía desubicado por completo, pero ese río, esos botes y siguió hasta que se dio cuenta que estaba por encima del túnel que antes había pasado. La zanja con las vigas atravesadas, eso si pertenecía a su casa, estaba seguro. Recordó las palabras del elocuente y solitario taxista. -Es que vienes mirando por la ventana como si fuera la primera vez que vienes a La Habana, sabes, en La Habana nadie mira para arriba, esta ciudad tiene encantos arriba, abajo, pa tos laos. Pero la gente solo mira pa la calle a ver que se encuentra, nadie mira los techos, los dinteles, los capiteles..... ¿Sabes que significan esas palabras verdad? Josef miró hacia arriba, en uno de los edificios a su alrededor que no le decían nada vio en el tanque de agua pintado una tabla de surf, mas abajo su nombre. Miró a todo lados para ubicarse ¿Como se llega ahí? se preguntaba desesperadamente, esa si tenía que ser su casa no? si no ¿porque decía su nombre y su gran pasión? 

En el minuto 02:29 de este vídeo sale un elemento de esta historia (El tanque con una tabla de windsurf)
Corrí lo mas que pude, ese tenía que ser mi barrio y se entraba por un pasillo. El barrio estaba silencioso y tranquilo a esa hora de la tarde pero esa calle, especificamente esa calle, estaba llena de gente, gente que vendía, gente que compraba, gente gritando, gente hablando, gente desperdiciando sus memorias y su salud en tonterías sin sentido. Ancianos mirando, perros, gatos, fumigadores protestando, flores, árboles que cerraban la calle por arriba como un túnel y daban una sombra cavernaria. Agua limpia corriendo por un sitio, agua sucia y jabonosa corriendo por otro, olor a olla de presión con chícharos, olor a luz brillante. Ruidos, olores, gente, gente que gritó mi nombre llamándome y yo supe esquivar disciplinadamente. No me atrevía a entrar en lo que supuestamente fuera mi casa ¿Que me iba a encontrar? Recordaba a mi madre y otras vagas imágenes. ¿Y si salía un señor de etiqueta otra vez y me decía que esa tampoco era mi casa? Me senté en la escalera por horas. La escalera estaba fría y se sentía un olor a humedad agradable de una cisterna que había justo al lado debajo de los escalones. Olor de cueva, olor de frijoles, olor a ron, olor a cable eléctrico, olor a moho de pared, olor a óxido del pasamanos, tantos olores. Salió una mujer pero tenía los ojos negros así que no era Nelda. Me gritó de alegría, me preguntó como me fue en el campismo y le avisó a mi mamá que ya había llegado, mi mamá como si nada, abrió la puerta y me mandó a comer. Mas tarde me preguntó como la pasé en el campismo. Recordé que era lo que le decía cada vez que me iba a una de mis extrañas pesquerías para que no se preocupara. Me relajé al ver que no habría conflictos ni mas preguntas. Dormí toda la tarde y la noche. Al otro día estaba lleno de recuerdos que no sabía si habían pasado o no, cosas raras, luces, muertes, colores y un mundo que solo puede existir en una mente destrozada o enferma. Malditos sueños. Hoy es otro día. Me robo mi propio pan y me voy a la calle. Tengo tanto que aprender, tanto que recordar. Voy a conseguir una cámara de vídeo cueste lo que cueste para grabar todo a partir de ahora. Esto no puede pasarme otra vez. ¿Y si se me borra la memoria de nuevo? Quiero al menos ver imágenes. Mi vida tuvo cosas buenas también. Voy a filmarlo todo. Tengo que ver a Nelda, contarle todo esto que me ha pasado y que ella sepa que regresé por ella, que ella me dio el inicio de toda la recuperación de mis recuerdos. Y que si algo bueno tiene haber vuelto, ha sido ella.

22 de septiembre de 2013

Reemigrando.

No quisiera hacer comparaciones, pero como dicen a veces "Thats Gonna Hurt " y para salir de esto hago unas comparaciones y ya...

y ya.

 Como cuando de niño te decían - ¡Es solo una inyección y ya! ¡Y Ya!...........

 ¡Los cojones! y perdón por el vocabulario. 

 En USA todo lo que está prohibido está claramente escrito y advertido. Puedes hacer todo lo que no esté prohibido por escrito. En España, nada está escrito, todo está prohibido, menos para los que prohíben. Todo lo que hagas, será cobrado, penado, censurado, limitado y castigado a no ser que seas "El prohibidor". 
 En USA uno intenta algo, quiebra, se va a la ruina, abandona y te incitan a empezar otra vez. En España al dueño de un restauran le cobran un impuesto por encender la tele y poner los canales públicos.

 Cuando llegué a España, al tercer día me dije - Este no es mi sitio, no me voy a adaptar y el peor indicativo, nunca encendí mi cámara de vídeo para hacer mis vídeos "raros" que me encantan. 12 años de cámara apagada. Cuando llegué a USA sentí - Aquí puedo hacer algo, hay posibilidades, terminaré hundido en reveses, pero esta sensación de que puedo hacer algo no se paga con nada. Aquí hay algo mío o para mi. 
 Nada más salir de España sentí que iba en buen camino, no tuve esa sensación al salir de Cuba hacia España. En 12 años en España nunca logré despegarme bien de Cuba, esa Cuba que no me quiere, peligrosa y agresiva. Esa Cuba donde no se puede vivir honradamente del trabajo y creatividad. Donde ser honesto es pasaje seguro a la neuritis óptica y el escorbuto. 
 En 13 minutos en Miami me di cuenta que los cubanos que dicen, Miami es como Cuba, están equivocados de cabo a rabo. Miami no es como Cuba. Miami es Cuba. Miami es lo que nos contaban nuestros abuelos, lo que soñaban nuestros padres. Un sitio lleno de defectos pero donde la gente trabaja y se paga sus cuentas de su trabajo.
 En Miami está la comida cubana, las frutas cubanas, la creatividad cubana, el humor cubano, la libertad cubana. En Cuba, no queda nada de eso. Cuba (La isla) es un rastrojo de feudo desvencijado que por mas que se esfuercen los mulas en llevar ropas chinas para allá, sigue siendo una isla de harapos rellenos de doble moral, eso no es Cuba ni es nada. Es el patio de una prisión donde sale la gente de vez en cuando a coger sol. Y lo mejor. Encendí mi cámara de nuevo. Para hacer mis vídeos raros. 
Un día contaré porque los hago, de que van, porque son así y que quieren decir. A los amigos buenos que tengo en muchas partes de mundo.... no se explicar si estos son solo buenas impresiones o si vienen cosas buenas. Solo se que encendí mi cámara otra vez. Es más, la encendí con tan solo salir de España, la encendí desde Canadá.

 
Reemigrando por marestered

19 de julio de 2013

Habana del Mar (Josef pescador Capitulo 190)


- ¿Siempre pescas aquí?
- No. Solía pescar ballenas en Alaska.
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- Perdóname, tengo que tirar una cosa al agua.
- Tírala.
- Es un bulto, quizás te espante los pescados.
- No hay pescados, habrá peces pero pescados no hay.
- Bueno, te espantará los peces.
- ¿Tiene platanitos?
- ¿El que?
- Tu bulto…
- Mmm… no sé. Lo hizo mi mamá. Es para que nos podamos ir a Miami pronto.
- ¿Me dejas que lo mire?
- ¿El qué?
- El bulto.
- No se debe.
- Bueno está bien tíralo.
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-Bueno ábrelo.
-A ver.
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- Si, tiene una mano de platanitos.
- No te los comas todos.
- No, solo dos o tres. Están maduritos y ricos ¿Quieres?
- ¿No se debe verdad?
- Están ricos, es lo que como siempre. A veces las buenas brujerías traen naranjas, marquesitas, masarreales. Si las cojo antes que las tiren al agua me doy banquete, si no, solo cojo los platanitos. Siempre están maduritos.
- Voy a coger uno… pero ¿y si no funciona?
- ¿El qué?
- La brujería, nos tenemos que ir pa Miami, mi papá se fue con mi hermano mayor, solo quedamos yo y mi mamá.
- ¿Como te llamas?
- Habana… Habana del mar.
- Conozco una niña que se llama África, otra se llama Luanda.
- Debe ser por la guerra, la gente le pone nombres a sus niños por lo que vive ¿Cómo te llamas tú?
- Josef.
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- ¿Tu familia no se va pa Miami?
- Yo no soy gusano, dice mi mamá que los que se van pa Miami son los gusanos.
- Yo no soy gusana porque yo me voy en avión
- Ah bueno.
- Ya tírala.
-¿El qué?
- La brujería, ya me comí los platanitos.
- ¿Tu sabes si hay que decir algo antes de tirarla?
- No se, ¿como voy a saberlo?
- Como dices que siempre te comes los platanitos, a lo mejor ves mucha gente que las tira.
- Pero hablan muy bajito, yo se que los magos dicen abra cadabra.
- Entonces voy a decir abra cadabra.
- Espérate, si la tiramos entre los dos y lo decimos entre los dos quizás tenga mas fuerza.
¡A la una! ¡A las dos! Y a ¡A las tres ABRA CADABRA!
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- No se hunde.
- No, se va navegando, a lo mejor llega a Miami.
- ¿Dónde está Miami?
- Pallá.
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- ¿Me puedo quedar un rato contigo?
- Si ¿En que grado estás?
- Estaba en sexto pero la maestra me botó.
- ¿Por qué?
- Dijo que mi mamá era una gusana y que debían fusilarnos a todos.
- Yo estaba en sexto, pero no voy a ir mas a la escuela, voy a ser pescador.
- ¿Por qué?
- Porque me aburro.
- Ah.
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- ¿Podemos pescar juntos?
- Las mujeres no saben pescar
- Yo vi en un libro que las indias pescaban.
- Bueno si.
- Es que yo no quiero irme a Miami… y si me quedo contigo y pescamos, podemos conseguir comida hasta que seamos grandes y podamos trabajar. Yo se dormir en la calle, en los parques, yo se dormir donde quiera.
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¿Por qué lloras?
- Yo no estoy llorando...    ¡Vete pa tu casa!
- ¿Pero?
-¡AHORA!
- ¿Puedo verte mañana? ¿Pescas aquí siempre? Te traigo platanitos si quieres, me los robo del puesto.
- Está bien, mañana… ¡Pero duerme en tu casa!
- Hasta mañana.
- Hasta mañana Habana.


18 de julio de 2013

Repeat after me.

Repeat after me 

 Decía una y otra vez aquella maestra de ingles de mi tercer 9º grado. 
Repeat after me. 
Hector and his sister Nancy went to the beach with their father. 

Quizás es lo único que se me grabó de aquel 9º y seguro estará mal escrito.

  L'origine nascosta by Ludovico Einaudi on Grooveshark

 El primero de tres lo había suspendido toda la escuela. Los niños de la revolución habían soltado en un congreso pioneril por órdenes de arriba que todos los maestros hacían fraude. Suspendimos todos, todos con menos de 70 que ya era suficiente para no pasar de grado. Pero mis padres venían de una familia que se mantenía con 256 pesos al mes. Pasaron quienes les hicieron buenos regalos a los profesores que ya no hacían fraude, ya te daban el aprobado por bienes o dineros directamente. Conozco de buena tinta quien falsificó el certificado de notas para no perderse las vacaciones. Yo lo eché a suerte. Ni miré las notas, no usaba esta frase pero mi pensamiento era del estilo de: Que sea lo que dios quiera. Tampoco creía en dios, ni ahora tampoco. Quizás por eso sigo repitiendo. 

 El segundo 9º fue mas lindo, mas intenso. Ya yo era un poco mayor y vinieron caras nuevas. Comencé a pensar en el amor sin leer a Henrik Brukner. Cuantas aventuras, romances, persecuciones. Que emoción pasar por casualidad por delante de la casa de la persona que me gustaba 100 veces al día. 100 casualidades y 100 posibilidades de encontrármela por casualidad. Por lo general la encontraba con su novio. Va por ti Laura, dios en el que no creo sabe cuantos zapatos gasté pasando por tu casa cerrada a cal y canto. ¿Quien coño tenía aire acondicionado en esa época? ¡Tú! y por eso tu casa siempre estaba cerrada, acristalada ¿Quién tenía cristales sanos en su casa? ¡Tú!  ¡cristales verdes con bolitas de esos que no se ve una mierda padentro! ¡100 veces cada día Laura! o quizás menos. Para nada. Un día te apareciste en mi casa, tocaste la puerta. Habías huido de tus padres por una bronca de esas raras que yo no sabía si era por fumar cigarros de lo que fuera. Me hiciste llamarles y decirles que yo era tu novio. Fue bonito ser tu novio virtual por unas horas hasta que te recogieron en ese alfa romeo del 76 de 1750 centímetros cúbicos color vino y ver a tu padre en cámara lenta amenazándome de cualquier cosa que me importaba un comino. Me diste un beso en la cara antes de que te cerraran la puerta del carro. No te vi más nunca. Al cabo de los meses tu casa estaba vacía, y yo seguía pasando por ahí. Para nada. 

 Repeat alter me.

 Horas y horas pasaba parado en el puente de hierro. Hasta que viera un pez saltar. Me cogía tarde a todos los sitios porque tenía mi propia superstición. Si veía un pez saltar es que el día iba a ser bueno. En la mañana, entre los botes que llegaban de estar toda la noche pescando los veía saltar. Esas eran mis monedas, peces que saltaban. Un pez, otro pez. Que días mas lindos vinieron, mientras mas peces saltaran mas lindo era el día. 


En ese tercer 9º grado ya estaba cansado. Habían hecho la famosa mundial pero era pedirle peras al olmo. Lo que me habían hecho, ese año que había perdido miserablemente de mi vida no lo perdoné jamás. Habían bajado la puntuación mínima a 60 pero ni así moví un dedo, no abrí un libro. Daba dos turnos al día y después tenía la incalculable felicidad de mataperrear por ahí para no llegar a mi casa antes de hora. Ya no estaba solo, había más mataperros que me apoyaban en mi causa. El carabela, Haydee, Angel Mederos que estaba tan enamorado de Haydee como yo hasta que se fue con el profe de educación física y tuvo hasta hijos. Por suerte nunca le dije nada. Era una persona tan valiosa, que era mejor no perderla con tonterías amorosas de niños. Un día se lo diré. Pero ella, dentro de ella, era mucho más mayor que nosotros. Tremenda Haydee. Es la única persona de quien me haya enamorado y no se ha enterado, las demás sufrieron y se divirtieron de lo lindo con mis ridiculeces de todas las ramas posibles. Pero a Haydee no le dije ni pío. 

 El cuarto 9º fue en una escuela taller. Aburrida. Llena de corta cortas. Gente saturada de conflictos por todas las vías posibles. Un profesor nos rogó que termináramos el 9º me centré un poquito y lo terminé. Fin de la historia. Como era solo un semestre esos 8 meses de vacaciones prometían mucho. Lindas vacaciones pasando por casualidad 100 veces por casa de Haydee a ver si por casualidad la veía. La vi. La vi varias veces pero como de costumbre no tenía nada que decir. Un saludo y a seguir camino. Maldito nudo en la garganta. Repeat alter me. Hector, and his sister Nancy………………

7 de julio de 2013

El Niágara en bicleta

¿Conoces la ley de Murphy? La carretera no podía estar mejor. Soleada, tranquila. Un viaje con excelentes amigos. Como sabemos un viaje sin retorno, como suelen ser los viajes de los emigrantes. Rumbo a la línea que pusieron los hombres en lo que creó la naturaleza. Esta vez en un gran fenómeno geográfico. El Niágara. Todas las sensaciones que cuente van a ser pocas y pobres. Hay veces, muchas veces que el lenguaje se queda tan atrasado e inútil como la inteligencia humana. Las sensaciones de cambiar la tierra bajo los pies, de volver a emigrar, de comenzar de nuevo. La frase (Ya estoy demasiado viejo para esto) dando golpes en la cabeza todo el tiempo, pero puta ley de Murphy. En este camino he conocido gente tan buena. Las preocupaciones se han disuelto en risas, recuerdos y sobre todo en un amor repentino e inesperado. En este viaje me ha pasado de todo, como siempre, viajo solo. Es uno de mis sueños mas preciados algún día en mi vida hacer un viaje con alguien querido pero los aviones solo me conocen a mi. Ya será algún día, como todo. Hasta que llegué al Niágara. ¿Recuerdas ese invento de las abuelas para sacar las muelas? Eso de amarrártela en algún sitio con un hilito. Sabías que si te movías te arrancabas la muela. En Montreal me amarraron ese hilito. Allí encontré a Is, con quien no paro de reírme, ser quien soy, hablar de todo y querernos más aun. No pensé volver a pensar cosas como quiero esta persona para mí, y para siempre. Cosas así que uno piensa que ya no suceden y son cuentos de películas sensibleras de domingos. Y ahí estaba, yendo al Niágara, pero queriendo volver. Todo lo que me hizo irme de Madrid, El frío, la falta de trabajo, el aislamiento, era peor en Canadá, sumado al idioma francés ese que para decir 80 sacan una cuenta. Dicen cuatro veces 20 para decir 80. Le ronca. No hay derecho, pero no me importa. César dijo; Te veo paleando nieve a menos 40 grados y no se equivocaba. Lo hubiera hecho. Y ahí mi viaje al Niágara. Arranqué de nuevo pero sin ímpetu de emigrante, esa adrenalina que te hace correr como un potro salvaje o caminar con mochilas sin sentir su peso. Esperando que de un momento a otro se tensara ese hilito y me arrancara con alevosía esa muela de la felicidad temporal e infinita que encontré en Montreal. Todo el viaje queriendo volver, todo el viaje esperando ese dolor. El dolor si lo esperas, es menos. Pero no, recibí esa llamada de Is, ella decía que venía también al sur, también iba a cruzar frontera y el hilito se destensó. No se cuando nos volveremos a ver. Lo que juega con nosotros lo hace bien, se divierte y le da emoción. Tantos años perdidos, debí encontrarte antes. Heme aquí rumbo al Niágara queriendo volver. Triste porque extraño mi nueva familia, a las tres, Is y sus dos niñas y Murphy, quien me había dejado muchos años tirados en España sin ánimos de nada, ahora que me voy, me lo consigue todo, y ni siquiera en el principio o en el final del viaje. En el principio para quedarme o en el final para ser completamente feliz. En la mitad del viaje Murphy, eres tan hijodeputa como Ruffinni el de las matemáticas. Bien por ti Murphy, bien por tí. Pero yo voy a mí que me salgo con la mía ¿Quieres apostar?


22 de junio de 2013

Lo mejor puede estar por llegar.

Los amores de Josef no eran nada graciosos. Ni fáciles. De pequeño vio una película japonesa llamada la sirenita. En el cine lloró a lágrimas vivas lo cruel del mundo ficticio donde acaecía. Una sirena que daba su voz a cambio de ser una mujer para subir a la tierra donde había un príncipe que nunca le hacía caso. Una bruja que se aprovechaba de eso y tendía horribles trampas y oscuros hechizos hizo a Josef sentir todo el odio que se puede sentir con escasos 6 años. Llanto y más llanto. Y esa sensación de encontrar y perder a alguien por quien daría la vida. ¡Estúpido príncipe! No se daba cuenta.

 La madre de Josef perdió las esperanzas de que entendiera que solo era un dibujo animado. Josef no cejaba, miraba el mar cada día hasta que muchos años después comprendió que solo era una historia animada que alguien había pintado en celuloide. Hasta ese entonces lloró en silencio cada noche no tener a la sirenita para poder dar todo por ella. Cuando se vino a dar cuenta ya estaba en el mar, sumergido, pescando desde antes de que amaneciera hasta que caía la tarde de cada día. No reparó en el día en que olvidó la sirenita, tampoco perdió la esperanza de ver su dulce cabellera rubia nadando por debajo de el en una de sus interminables pesquerías.

El mundo iba cambiando, ya no eran tiempos de sirenas.

Josef intentó hacerse a la tierra. Trató de hacerse a la tierra en lo que todos sus conocidos se hacían a la mar. La mayoría se perdió en interminables viajes con cámaras de camión o artefactos flotantes inamovibles. A josef no le dolió nada porque creía que morir en el mar era digno, pero ver diezmada su cuadra y su gente fue entristeciéndole sin darse cuenta. Y un día se quedó en la tierra sin más. Sin sirena, sin amor y sin sueños.

 Son cosas que pasan.

 En varias décadas nadó en muchos cuerpos. Pretendió muchas ilusiones. Incluso guardó tesoros en su memoria de cosas bellas que sucedían con personas de verdad. Sandra lo hizo soñar un poco, Paulette lo llevó a sentir cosas que pensaba que no existían. Pero ese amor, el que revuelca las vidas, las desvía y las arrastra no había venido jamás.
Josef se quedó esperando encontrar alguien que lo dejara sin aire, lo doblegara de ilusiones.

 Muchas décadas pasaron.

 Un día, en un episodio de su vida que no viene al caso se encontró una foto. Sin autor, sin fecha. Una persona sonreía levemente y Josef cayó otra vez. Lo mismo aunque con 40 años en las costillas. Una vez mas aunque ya no había nadie cercano que lo convenciera de que solo era una foto, sin datos, sin autor. Quizás una foto tomada al azar, encontrada al azar. Amada al azar.


 Lo mejor, puede estar por llegar.

 No había mundo ni tierra ya para Josef por lo que decidió arrancar para donde fuera. Sin rumbo, sin planes ni fechas. Totalmente libre. No traicionó el amor de si para esta foto por nada del mundo. Solo mirarla cargaba la vida de peligrosas ilusiones. Madre no estaba para decirle que solo era una foto. Superficialmente se hablaba a si mismo que esa persona no debe existir, debe ser muy vieja, en todo caso, nunca iba a saber quien era.

 Muchas décadas pasaron.

Sin rumbo, sin casa, sin familia, sin Ítaca. Dando tumbos esta vez en aviones, aduanas, pasajes, visas. Al menos mejor que los que se hicieron a la mar cuando el se hizo a la tierra. Llegó a una casa y vió una foto. La robó.

Los amores de Josef no eran nada graciosos. Ni fáciles. Condenado a las imágenes inexistentes. Prometió dejar su corazón en aquella imagen. Y por primera vez una imagen habló. Josef no se lo cree. De vez en cuando escucha la voz de su madre diciendo que solo es arte, que solo es una imagen. De momento, su corazón es para la mujer de esta foto. No hace mas que mirarla, esta foto le habla, le mira, no hay nadie por suerte para convencerle de lo contrario.


Lo mejor, puede estar por llegar.

6 de julio de 2012

22 de junio de 2012

Gaby está aquí

Las casualidades y el destino son una cosa incomprensible, a veces cruel, a veces hermosas. Ayer una casualidad hermosa me hizo encontrarme a mi mejor amigo desde antes de aprender a caminar en el aeropuerto de Barajas. Un país tan grande con tantas horas del día nos puso a los dos unos escasos segundos en un sitio para que nos encontráramos. Es Gaby, conozcánlo:
Es el último amigo de la infancia que quedaba en Cuba, está aquí.


En Youtube se puede ver este video en HD real 1080.

Con siete años ya andábamos robándonos los botes de remos de los pescadores para largas aventuras por un río que nos parecía interminable. Tres, éramos al principio los bandoleros que inspirados en los libros de Mark Twain remábamos río arriba con nuestras escasas fuerzas mal alimentadas de pan y azúcar mirando con ojos conquistadores cada piedra milenaria del Almendares y aguzando el oído para descubrir pequeños manantiales entre sus selváticas orillas. El sonido de la pala del remo al salir y entrar repetidamente en el agua componía una suave y cadente melodía que amansaba los calores de las tardes silenciosas de los domingos de agosto, junto a los pájaros que no cesaban de cantar y sobrevolarnos. El calor era tan denso que casi se veía flotar el vapor por encima de las perdidas y muertas corrientes de un agua verde y contaminada que pujaba por mantener la vida a pesar del hombre. Era nuestro río, nuestro barrio, nuestro hogar.
Ni ese día ni en los que siguieron por años pensamos en el futuro. Había mucho por explorar en ese río para estar devanándose los sesos en cosas triviales como lo que podría ocurrir o la existencia humana. Los pequeños botecillos se balanceaban a la orilla con la misma preocupación que teníamos en aquel entonces. Había tanta tranquilidad. Quizás el mundo desde aquel momento se estaba cayendo a pedazos, pero en ese rinconcito de la tierra tres niños vagaban a lo Huckleberry Finn, soñando con ser piratas en medio de la decadencia de una ciudad prohibida y sitiada por unos pobladores uniformados y armados que estarían desde antes de nacer y quizás mucho mas de lo que se esperaba.
Nadie osó decirnos que unos años después yo me iría a España, Félix a Chile y Gabriel a un oscuro país sin nombre que se llama soledad y queda cerca de la calle línea por el barrio del Vedado.
Siempre que voy toco su puerta pero nunca está. Sale su madre que ya no me reconoce y me dice que anda por ahí. Un por ahí extenso, vacío y triste. Me vuelvo sobre mis pasos recordando tiempos divertidos, anécdotas curiosas como que Gaby cada vez que pasábamos por debajo del puente de hierro se colgaba de este para jugar a los piratas y nosotros seguíamos remando hasta que sus gritos nos hacían regresar, algunas veces a tiempo, otras tarde, con el consiguiente baño en el río y la risa de varios días. Robábamos hicacos en una casa de Miramar que el patio da al río y la hazaña consistía en subirnos al bote ya alejándose de la orilla porque unos fieros perros querían despedazarnos de rabia por nuestra asombrosa rapidez. Sonrío y nos veo corriendo y los perros detrás, los hicacos cayendo de nuestros bolsillos y ese salto que solo se ve en las películas y los recuerdos. Gabi era pequeñito, un negro gordo y pequeñito que sus pies apenas le daban para alcanzarnos, la mayoría de las veces también ya se había alejado demasiado el bote y caía al agua. A Gabi le pasaba todo.
Exploramos todo nuestro país del Vedado, entramos de noche a los pasadizos del túnel de línea, nos colamos en cuanto alcantarillado se quedara abierto, nos metíamos en todo patio que tuviera una mata de mangos, aunque no tuviera mangos porque era moral que hubiera una mata de mangos en la cual no hubiéramos subido y explorábamos el bosque de La Habana, el parque Almendares, los campos de tiro, los refugios de la puntilla, escalábamos el Sierra Maestra, nos colábamos en la casa abandonada de 5ta avenida, en la de 28 y 1ra, en los derrumbes, en las pequeñas cuevas.
Un día la policía la cogió con llevarse a la estación a todos los niños que se bañaran en el malecón, sentados dentro del carro patrullero el policía le preguntó a Gabi que si el era maricón. El escándalo de Gabi fue tal que nos soltaron entes de llegar a la unidad y nos libramos ese día.
Desde luego que otras madres le aconsejaban a la mía que no me dejara jugar ni mataperrear con ese niño raro “amanerado” Otro tanto de lo mismo recibieron las madres de los demás que después se fueron sumando a la pandilla. Manuel, quien lleva mas de veinte años preso, Reinol “Hongo mongo” (En USA) que recibía continuas golpizas tumultuarias por lo pesado que era, Hiscler (En Guatemala), Hebert (En USA), Félix (El de Chile) y yo. Éramos una pandilla sin líder y aseguro que de todos quizás yo era el más tranquilo y miedoso de cuanta empresa irresponsable y sórdida se nos ocurriese.
A los 21 años más o menos nos reúne Gabi en su casa con una cara muy seria. Acostumbrábamos a juntarnos para oír música y contar las barbaridades de nuestra niñez. En medio del silencio Gabi con voz tenebrosa nos habla mirándonos a todos.
- Caballeros…………… Yo soy gay………..
Reventó de pronto una risa estruendosa al unísono de todos los de la pandilla, Gabi frunció el ceño y comenzó a rozar con la rabia.
- Claro que eres gay Gabi, desde siempre. ¿A que viene eso ahora?
El negro se fue hinchando y sus saltones ojos se enrojecieron que daban miedo.
- ¿Entonces ustedes lo sabían? ¡Partía de cabrones hijos deputa! ¡Y yo aquí una pila de años haciéndome el macho!
- ¡Pero Gabi! ¡¡No nos jodas ahora con eso!! Tú eres un tronco de maricón desde que eras niño compadre. ¿A que viene esto ahora?
- ¿Y ustedes los sabían? – No cesaba de repetir casi con lagrimas en los ojos – Yo pensaba que el día que ustedes lo supieran ya no íbamos a ser mas amigos.
Nos abrazamos entre todos como un bravío equipo de futbol, riendo a carcajadas y Gabi llorando. Nadie le explicó que la amistad es algo irrompible cuando es de verdad, que un hombre de verdad era un buen amigo como el, sin importar su condición sexual, raza o credo. Tampoco nadie nos lo explicó a nosotros pero venía en nuestras mentes por defecto. Y por eso Félix el que vive en Chile, Hebert el que vive en USA, Hiscler el que vive en Guatemala, Reinol el que vive en USA y este servidor el que vive en España lo vamos a ver además de Manuel, cada muchos años cuando le dan un pase de esa prisión perpetua que no sabemos ni nunca hemos preguntado porque está.
Y ahí está Gabi. En la republica de la calle Línea y F en el Vedado. En un cuartito que si estornudas te puedes dar con las paredes, pero es difícil dar con el. Al ser negro, bajito, calvo, gay y con voz de pito además de su peligrosa rebeldía nunca ha conseguido un buen trabajo ni nadie fuera de nosotros, sus hermanos de siempre, lo han apreciado tanto. Cuenta con brillo en los ojos sus momentos de gloria cuando una vez lo contrataron para hacer de Bola de Nieve en una película que nunca se ha visto. Cuenta una escena en la que el está tocando en un piano que se hunde en el mar. Nadie sabe si es su sueño o si a través de sus verbos despedazados nos cuenta la verdadera historia de lo que es su vida. Iré a verlo en cuanto pueda, la amistad por suerte, la verdadera amistad de corazón, no entiende de razas, credos, sexos ni políticas.

5 de mayo de 2012

Josef comienza un adiós (Cap 127)

Diciembre del año 2013. El frío nunca se quitaba, ni en la mas voraz de las calefacciones. Josef estaba como casi todos fuera de casa, donde había que estar.  Los compañeros de trabajo vociferaban dominados por los vinos y los cavas con una euforia momentánea descontrolada. Josef solo oía murmullos, sabía que ese era su último año.
13 años llevaba fuera de las costas que lo vieron crecer y aun no sabía que hacía ni donde realmente estaba. La broma que consistía en ponerle todas las cosas de la vida en su estado mas difícil no se acababa, pensaba que quizás era un castigo y el no lo había entendido aun. Era un castigo absurdo y anticuado. Una especie de mini gira de Odiseo.

Podría estar en su casa, en silencio, tranquilo pero sabía de antemano que esa situación era letal. El silencio. Su mente no cesaba de generar ideas y porqués. Quizás la ausencia de respuestas a sus preguntas en sus solitarios años metidos debajo del agua se le habían acumulado y ahora salían por las rajaduras de la edad, el tedio y la lejanía. Tanta presión tenían sus ideas que incluso el ruido de mas de cincuenta personas hablando a la par lo convertía en un suave murmullo lejano para hacerse oír a toda costa. Josef no quería oír su mente pero estaba ahí y no paraba de hablar por nada del mundo en primera fila.
Si, caía algo parecido a lluvia o nieve. Extendió la mano para cerciorarse pero sus quemadas palmas apenas distinguían entre el frío y el muy frío. Y vino su pensamiento y se lo llevó, se lo llevó lejos otra vez.
Nunca encontró sentido a las cosas terrestres. Al final de todo, trató de adaptarse pero no sirvió de nada. No llegó a ningún resultado. Parece que las reglas del juego era solo sobrevivir lo mas dignamente posible pero que al final no se llegaba a ningún lado. Le molestaba mucho pensar que habría metas o premios en la vida o que esto podría ser una mentira auto inventada o una verdad sin resultados.
Todo el mundo sabe cuanto lo intentó. Fijó sus sueños en las cosas supuestamente reales, terrenales. Intentó vivir en pareja, incluso a veces le pasó por la cabeza tener una familia. Pero había algo que no se lo permitía. Las personas caían a su alrededor por una cosa o por otra. Le abandonaban, les abandonaba. Esa magia que contaban algunos estaba empezando a pensar que era otra de esas mentiras para ayudar en la resignación de tener que cumplir un papel en la vida. Una vida instintiva y monótona, una vida que no era la suya.
Josef comenzó a caminar, a lo lejos escuchó su nombre pero lo ignoró por completo. Quería ver las calles un poco mas, una vez mas.
La calles con su espíritu festivo se equilibraban con el silencio y el apuro de los caminantes. Disfraces, colores, banderas. También mas lluvia helada. Josef regresó a un punto de su vida en lo que sus pies lo llevaban sin rumbo por el centro de Madrid, ese barco donde se perdió. El barco hundido donde se le fue la vida por primera vez.
Desde el día en que despertó se preguntaba que hacía en este mundo. Estaba inconforme porque creía solemnemente que debió haberse quedado en ese barco, ese era su camino y alguien lo sacó de el con muy buena fe pero lo arrebató de su línea de vida. O al menos eso era lo que creía porque las cosas fueron de mal en peor. No puede negar que hubieron cosas tan intensas y bellas que por segundos le hacía pensar que había valido la pena, pero después todo volvía atrás. No hay opción, se decía a si mismo, hay que volver ahí y seguir donde lo dejamos. Convencido estaba que se encontraba viviendo una vida que no le pertenecía, una vida que había perdido el interés y que iba degenerando a la medida en que ya no conocía ni fines, ni metas, ni siquiera porque estaba esperando. Había que volver a ese barco o a cualquier otro. Desde luego que ese barco mercante griego hundido, en el que se había perdido y casi había muerto ya no existía, pero existían otros y quizás lo que manda y ordena en las vidas de los seres lo tomara en cuenta, o mejor dicho, lo retomara para dar un final ¿o comienzo? de lo que no debió haber sido interrumpido nunca, esa cuenta atrás que solo le quedaban segundos y la estiraron en años. Años de caminar sin rumbo, lleno de vagos sueños, absurdas metas y lejanías enfermizas.

Llegó a casa e hizo una búsqueda en internet. Barcos hundidos. Habían cientos, miles. Algunos completamente debajo del agua a una profundidad respetable, otros indignamente encallados con partes de su férreo cuerpo expuesto al sol, pero todos eran lo mismo, barcos hundidos. En cualquiera de ellos era buen lugar para retomar un camino cortado, abandonado abruptamente por los sucesos fortuitos que siempre están al doblar de la esquina. Cerró su búsqueda sobre lo más cercanos y marcó objetivos. Los equipos de buceo ya los tenía desde que había decidido no abandonar el mar aunque viviera a mas de 400 kilómetros de el. Los mas de diez años sin usarlos no interesaban, con que funcionaran los primeros minutos de la inmersión ya bastaría. Los metió en su carro horas mas tarde y ya bien entrada la madrugada puso rumbo al sudoeste. La carretera estaba en paz, con el último dinero que le quedaba llenó el depósito de combustible y compró algunos dulces en la gasolinera. Una hasta ahora inútil brújula marina, marcaba desde el salpicadero del carro el rumbo decidido. Josef estaba medianamente feliz, solo le molestaba haber tardado tanto en decidirse y haber empezado tantas veces a tratar de tener una vida terrestre normal.